miércoles, 4 de agosto de 2010

El gran Sofocleto

Reproduzco aquí una entrada que puse en mi LiveJournal hace tiempo y que vale la pena compartir por aquí también.


Luis Felipe Angell de Lama, conocido como Sofocleto, fue en mi humilde opinión, uno de los mejores humoristas peruanos.

El popular Sofocleto mantuvo durante más de 4 décadas riéndo a latinoamérica y ni que se diga a Perú. Tiene publicadas más de 162 obras, inventó más de 12.000 "sofonetos" y 50.000 "sinlogismos".

He encontrado algunos artículos suyos y me divertí mucho releyéndolos. Y justo hoy encontré su libro "El Ángulo Agudo" que estaba buscando desde hacía tiempo, así que pondré más de estos artículos tan buenos.

Por el momento quiero compartir dos:





Concientización


Porque el idioma castellano es mucho más rico que el propio Rockefeller, yo estoy en contra de todos los que recurren al uso y abuso de términos raros para explicar cosas que podrían explicarse de la manera más sencilla. Particularmente cuando se trata de cuestiones políticas, sociales, y económicas y cuando –como en el caso de nuestro país- el interlocutor es analfabeto, semianalfabeto o una buena bestia, para decirlo sin darle muchas vueltas a la manija. De este asunto ya me he ocupado varias veces, repitiendo mi teoría de que quienes recurren al manido truco de enredar las cosas, sólo buscan atarantar al prójimo, disfrazando su propia ignorancia en lo que pretenden ser doctores. Es decir, venden gato por liebre y, al final, son ellos mismos quienes tienen que salir comprando su propia mercadería.


-Lo que usted necesita es una coordinación equilibrante y estructural de su metabolización ideológica para trasegar y procesar los conceptos contemporáneos de la vertebración social…


-Dispense, míster, pero yo no hablo inglés… ¿busca alguna calle?


Ayer por la tarde, un amigo interesado en cuestiones de tipo económico me dio copia de ciertas pruebas hechas por la Universidad de México para demostrar la soberana estafa que encierra el uso de palabras raras cuando se quieren aplicar a las ciencias modernas. Especialmente a las relacionadas con el desarrollo de las nuevas sociedades. En efecto, los académicos mexicanos han confeccionado –entre otras- las siguientes tablas de recombinación.

Columna 1

Columna 2

Columna 3

PROGRAMACIÓN

FUNCIONAL

SISTEMÁTICA

ESTRATEGIA

OPERACIONAL

INTEGRADA

MOVILIDAD

DIMENSIONAL

EQUILIBRADA

PLANIFICACIÓN

TRANSICIONAL

TOTALIZADA

DINÁMICA

ESTRUCTURAL

INSUMIDA

FLEXIBILIDAD

GLOBAL

BALANCEADA

IMPLEMENTACIÓN

DIRECCIONAL

COORDINADA

INSTRUMENTACIÓN

OPCIONAL

COMBINADA

RETROACCIÓN

CENTRAL

ESTABILIZADA

PROYECCIÓN

LOGÍSTICA

PARALELA

Y así, hasta el infinito. Ahora bien, ¿en qué consiste el juego y la demostración de que vivimos en un mundo de vivos hablantines, profesionales en el arte de ganarse los frijoles vendiendo jarabe de lengua? En algo muy sencillo, mi querido lector. Usted agarra cualquiera de las palabras que figuran en las tres columnas (una de cada columna y en ese orden) y se dará de bruces con alguna barbaridad conceptual que, seguramente, ya habrá visto u oído en algún mamotreto o recinto donde operan los profetas de nuestro tiempo. Por ejemplo, tomamos “Estrategia” de la primera columna, “Funcional” de la segunda, y “Coordinada” de la tercera, y obtenemos la siguiente horripilancia fonética:

“Estrategia funcional coordinada”


También podría ser “Dinámica Global Sistemática”, o “Proyección Estructural Paralela” o cualquiera de las mil combinaciones de idioteces técnicas resultantes de mezclar a gusto y sabor las diez palabras de cada columna.

Supongamos que usted concurra, invitado, a un forum de cualquier cosa (que son los fórumes más importantes) y que alguien le pida su opinión acerca de la “Planificación Dimensional Combinada”, como “Retroacción Direccional Insumida” sobre el problema de los mosquitos cuando uno sale de picnic.

En cualquier otra circunstancia y frente a semejante agresión verbal usted no tendría más remedio que limpiarse discretamente con la servilleta, pedir permiso para ir al baño y salir por la puerta falsa en busca de un diccionario, maldiciendo a su viejo por no haberle dado una cultura más sólida.

Pero eso no le ocurrirá nunca jamás, mi querido y estimado lector, si lleva usted en el bolsillo una copia de las tablas mexicanas, que le permitirán responder imperturbablemente cómo, en su criterio, los mosquitos picniqueros podrían ser fácilmente eliminados mediante una “Instrumentación Logística Estabilizada”, o con una simple “Movilidad Operacional Balanceada”, aunque con cierta “Flexibilidad Opcional Equilibrada”, para evitar una “Programación Transicional Totalizada”.

¡Es decir, quedaría como las propias rosas y con un prestigio ideológico, técnico o filosófico de la gran flauta!

También podría, desde luego, reconocer a la legua cualquier contrabando que le quisieran pasar por la aduana del cerebro vendiéndole como corvina lo que no es sino un vulgar tramboyo. Ya en plan de entretenimiento usted podría estirar las tres columnas mexicanas, añadiendo las palabras raras que vaya escuchando por aquí y por allá, hasta que en vez de anotarlas en una libretita, tenga que andar con una guía telefónica en el sobaco.

Claro que llevar semejante librote es fastidioso, pero en cambio, mi querido lector, su prestigio intelectual quedará asegurado por lo menos a través de siete generaciones.

Salvo, naturalmente, que se le ocurra tropezar con algún prójimo que también tenga su lista en el bolsillo y lo denuncie como un sujeto cuya cultura carece de “Implementación Central Integrada” y de una “Proyección Funcional Paralela”, que lo deje a usted sin una “Programación Central Balanceada” para defenderse adecuadamente. Pero ni interesa ni pasa de ser una excepción que confirma la regla. Lo esencial es que usted habrá entrado en el secreto, en el gran secreto de aturular a los que no saben, con palabras que no entienden y sobre materias que no conocen. Y esto le dará mucho prestigio.

Sobre todo, si capta usted la “Estrategia Operacional Insumida” en la marmaja. ¿Manya?

En Sofocleto, El ángulo agudo, Lima, Arica, 1974


Mi experiencia nudista


Nunca olvidaré aquel fin de semana con Ingeborg, en un campamento nudista de Estocolmo...

Andaba de paso por Suecia y vivía en una pensión de Sturegatan mientras me llegaban los documentos falsificados necesarios para entrar en Francia como inglés, cuando nos conocimos en la tina. Mejor dicho, yo estaba en la tina, sin más vestimenta que los anteojos, cuando entró Ingeborg con una bata de nylon que le traducía todo a cualquier idioma. En esa época todavía me quedaba una saldo de pudor, de manera que verla entrar y sumergirme fue todo uno. Pero ella me explicó que, debido al racionamiento de agua, era imprescindible compartir una tina entre cada dos personas de la pensión, preguntándome si tenía algún inconveniente para ello. Como soy un caballero me paré automáticamente, ofreciéndole la tina con el gesto de quien cede un asiento en el ómnibus. Ingeborg se opuso, mientras procedía a quitarse todos los accesorios del organismo:

-¡No, usted primero y yo después...!

-De ninguna manera –repliqué, en posición de firmes y con el agua a media pierna- usted primero y después yo...!

Resumiendo, transamos en bañarnos juntos porque en la tina había sitio para los dos. A las tres horas éramos íntimos y a las seis de la tarde, cuando salimos de la tina, Ingeborg me confesó que era nudista. Desde luego, no le creí una palabra y para demostrármelo, propuso que pasáramos el fin de semana en su club naturista de Upsala. Fuimos. Llegamos y me vestí de nudista quitándome todo menos el bigote y una cadenita de oro cuya medalla dice “RH Negativo A, ¡Ojo! En el campamento había mujeres lindísimas, cosa que no tiene nada de raro porque hacer una sueca bonita es lo más fácil del mundo: Un cuerpo atlético, dos ojos azules, un cabello rubio... Se bate bien y ya está. Modestamente debo confesar que mi éxito fue instantáneo porque, apenas me puse en circulación, todos vinieron a saludarme, creyendo que era un nuevo miembro del club. Las socias se miraban de arriba abajo, preguntando:

-Usted, primera vez que viene, ¿verdad?

-¡Sí, sí, efectivamente... ¿Cómo se dio cuenta?!

-Por la voz...

En efecto, parece que a uno le cambia la voz en los campamentos de nudistas, debido a las muchas cosas que ve. Pero a los pocos minutos me había hecho perfectamente el sueco y junto con el Ingeborg, nos lanzamos a recorrer las instalaciones del club. Ahí fue cuando comenzaron las dificultades, cuando Ingeborg me propuso jugar un partido de tenis. Honestamente, yo nunca he sido muy bueno jugando tenis y confieso que la idea de jugarlo tal como me parió mi madre, sobre todo considerando la fuerza con que Ingeborg usaba la raqueta, me llenó el alma de negros presentimientos. A los diez minutos, efectivamente me sacaron en camilla, después de recibir un pelotazo alucinante que hizo necesaria la respiración artificial y la intervención de un oculista, porque me había quedado bizco del impacto. Cuando me volví a parar estaba irreconocible a tal punto que Ingeborg me propuso descansar un rato en el jardín. Nos sentamos sobre el gras y volvimos a la enfermería para me aplicaran un antídoto contra la picadura de alacranes, porque tenía la nalga derecha como una pelota de fútbol. Pedí un calzoncillo urgente y me explicaron que estaban prohibidos por el reglamento del club, pero me ofrecieron un sombrero y me lo puse como sustituto de la hoja de parra, aunque era muy incómodo porque a cada paso tenía que quitármelo para saludar a las señoras. Eran las seis de la tarde cuando Ingeborg me invitó a bailar en el salón principal, donde la orquesta ejecutaba un vals vienés. Se apretó contra mí y al momento, con esa intuición de las mujeres, me puso en descubierto:

-¿Qué te pasa...? Te noto desanimado...

Fue en ese instante cuando pisé el cigarrillo encendido y no paré de pegar saltos mortales, sin soltar la mano de Ingeborg, hasta que nos dieron el premio de rock and roll y me permitieron llevar puesto el zapato izquierdo para aliviar la quemadura. En Suecia el clima es tan raro que cuando uno pregunta cuando empieza el verano le dicen que el 14 de agosto a las 10 de la mañana, para terminar el mismo día a las tres de la tarde. Por eso, cuando estornudé, Ingeborg sugirió que me abrigara y me puso una bufanda al cuello porque también la camiseta estaba prohibida. Me dolía el cuerpo, hacía frío, me latía la nalga izquierda como un corazón enamorado y caminaba a duras penas sobre la ampolla del pie... Comprendí que era un fracaso como nudista y me disculpé unos minutos con el pretexto de ir a lavarme las manos. En vez de ello fui al vestuario, recogí mi ropa, me vestí y estaba listo para salir, cuando me descubrieron unas señoras que, dando un grito, se taparon los ojos al verme vestido de pies a cabeza.

Me expulsaron del club, por inmoral...

3 comentarios:

  1. Todos los días uno se va a la cama (o permanece despierto, como en mi caso xD) sabiendo algo nuevo.

    No conocía a este cómico, pero me lo apunto, lo que acabas de compartir es muy interesante ;)

    Un beso enormeeeee

    -Da-

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  2. ¡Hola, Da!
    Sí, Sofocleto era un gran cómico en una época difícil para el Perú. Teníamos un gobierno militar y a él lo deportaron muchas veces, por eso escribió el "Manual del Perfecto Deportado" que créeme me sirvió mucho cuando me fui a estudiar fuera del país, XD...

    Un abrazo

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  3. muy buena informacion yo vivo en paita donde el nacio

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